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Que es el Populismo

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    El populismo es democracia no responsable, un movimiento, a veces ideológico, de movilización de masas urbanas, que se caracteriza por un discurso ligado al pueblo y una distribución complaciente de la riqueza, sin equivalente producción de ella. Es una doctrina política que pretende defender los intereses y aspiraciones del pueblo sin realmente hacerlo. se presenta como defensora de los intereses y aspiraciones de la gente para conseguir su favor: Dicen tener amor al pueblo y que pretende resolver sus problemas.

    Los personajes populistas se caracterizan porque afirman enfocarse en el pueblo y velar por este.

    El Populismo en sentido negativo es el uso de "medidas de gobierno populares", destinadas a ganar la simpatía de la población, particularmente si ésta posee derecho a voto, asi haya que tomar medidas contrarias al Estado democrático. Su objetivo primordial no es transformar profundamente las estructuras y relaciones sociales, económicas y políticas sino el preservar el poder y la hegemonía política a través de la popularidad entre las masas.

    El populismo en sentido positivo, lo que define es un sistema en el que el poder recaiga más en el pueblo que en sí mismo, no en que los políticos profesionales gobiernen para la mayor comodidad del pueblo. En sentido general, socialistas y comunistas han utilizado el término "populista" para definir a los gobiernos que, aún favoreciendo a los "sectores populares" (principalmente a la clase obrera), no pretenden terminar con el sistema capitalista.

    El populismo no aboga por ideologías precisas sino que aboga por los sentimientos de aceptación masiva de un grupo en el poder y de una ideologización superficial pero intensiva. Por lo cual el populismo no es de "izquierda" o de "derecha", puesto que es una práctica del grupo en el poder y no un movimiento ideológico propiamente dicho.

    Los populismos latinoamericanos se opusieron al capitalismo existente con una fraseología ardiente que apelaba al pueblo, a los "oprimidos", los "descamisados" y los trabajadores, contra los capitalistas, los terratenientes o los dueños de la riqueza. De allí la verdadera raíz del término, la idea de que el pueblo podía por fin llegar al poder derrotando a la oligarquía y al sistema conservador, y el tono izquierdista y encendido que en muchas ocasiones usaron sus líderes, coqueteando con el comunismo y llegando en ocasiones a establecer ciertas alianzas tácticas con él.

    Algunos piensan que el populismo es un movimiento sin ideología, que consiste en una desordenada movilización de masas, sin brújula doctrinal. Es "una intervención del pueblo emocional y arrebañada, librada a las potencias taumatúrgicas del caudillo para solucionar, a la vuelta de la esquina, las necesidades de las masas esperanzadas"

    Otros subrayan que el populismo "es un reparto complaciente de la riqueza. Un reparto sin producción. Funciona en forma paternalista y clientelista mientras haya recursos que repartir. Si no hay posibilidad de reparto, el populismo colapsa"

    El populismo Es un fenómeno eminentemente obrero y urbano, transitorio y no permanente, nacionalista y manipulado desde arriba.

    Al no lograr el populismo resolver efectivamente los problemas reales, tal como se lo prometía a las masas, pierde poco a poco el apoyo de ellas porque atenta a sus intereses; cae por sí solo, y deja un vacío de poder, que entran de ordinario a llenar inmediatamente los militares.

    Ningún régimen populista ha cambiado las estructuras de un sistema. Y todos han sido corruptos y corruptores; no productivos y no cumplidores de promesas.

    El populismo es una forma de autoritarismo que surge de la imposición de las masas. No es la forma militarista de autoritarismo, pero tiene las mismas aristas caudillescas y sigue el ritmo de las demandas de las masas.  Las masas son volubles e incoherentes; entran en alianzas con el mismo poder y con los sectores económicos dominantes.

    El discurso populista no es racional  y Apela a las emociones, a la entidad nacional y colectiva y al conflicto de sentimientos entre clases sociales. Además, hace referencias a la cultura popular, a las telenovelas, los concursos de belleza, el fútbol etc.

    El populismo, que se basa en la constante erosión del sentido de la realidad y de la ética de responsabilidad personal de los ciudadanos, destruye en lugar de enaltecer las virtudes cívicas.

    Es iluso, además de peligroso para la libertad humana, creer en el poder mágico de la acción del Estado en la organización y conducción de la sociedad y la economía. el Estado tiene significativas funciones que cumplir -tanto políticas, como sociales y económicas (y, por supuesto, de defensa), pero una sociedad libre sólo puede sobrevivir si estas funciones se limitan.

    El populismo, entre otras cosas, conduce precisamente a crear reglas para que sean rotas. La idea es, por un lado, cohesionar un movimiento amplio en base a promesas generalizantes e imposibles, y por otro lado hacerse de la vista gorda ante la violación de esas reglas por parte de los sectores dominantes.

    Algo que forma parte de la idiosincrasia del latinoamericano es su incesante búsqueda, en cualquier elección presidencial, de un Mesías, de esa persona que rápidamente y de la forma menos dolorosa, acabe con los problemas socio-económicos del país. Gracias a esto, los hábiles políticos del patio entonan discursos, reflejo de lo que quieren oír las clases menos favorecidas (las cuales son la mayoría en nuestra Latinoamérica), pero muy alejados de lo que realmente necesitan para salir de las estadísticas de pobreza. A esta manera de hacer política se le denomina Populismo. Es la errónea concepción de que se ataca la pobreza redistribuyendo los ingresos y la riqueza, sin tomar en cuenta que la variable clave es el crecimiento económico (y las inmensas trabas a la inversión privada, su principal motor). El populismo es un fenómeno netamente político, no económico, el cual siempre estará destinado al fracaso.

    El ejemplo del pasado personificado en Perón, Allende, Getulio Vargas y Hugo Chavez, no hacen sino confirmar que las políticas populistas promueven las divisiones entre las clases y siembran la semilla de la inestabilidad social y la destrucción económica. crear falsas expectativas al pueblo es peligroso.

    El populismo le genera a una gran parte de la población la esperanza de que el gobierno le redistribuirá la riqueza de los ricos entre ellos, por lo que si al poco tiempo de instaurado el gobierno, los pobres no perciben una mejora significativa en su status de vida, se sienten obligados a realizar protestas callejeras para refrescarle a quien eligieron lo prometido. A la larga el torpe manejo de la economía, tratando de mantener la popularidad del gobierno, desencadenará fuertes desequilibrios macroeconómicos, que ponen en peligro la gobernabilidad y la democracia.

    Mantener un discurso que magnifique la diferencia económica entre grupos, atenta contra el estado de derecho, ya que refuerza la mentalidad discriminatoria “ellos y nosotros”. Recordemos que cada individuo tiene el derecho de ser tratado igual a sus semejantes, sin importar su color, religión o nivel socioeconómico.

    En la gran mayoría de los casos, estos gobiernos populistas terminan generándoles fuertes desequilibrios económicos a sus países, lo que hace que paradójicamente se incremente la brecha entre ricos y pobres, una prueba de esto es el incremento de los niveles de pobreza desde el gobierno de Caldera en Venezuela, potenciado por la revolución “bonita”.

    El ex - presidente del Uruguay Sanguinetti se preguntó ¿qué era el populismo?, y contesto: lo contrario a la democracia responsable, la que asienta la libertad de expresión, y que trata de desarrollar las acciones sociales, la que no promete algo que no puede dar.

    Basar las políticas públicas en el populismo crea expectativas falsas que no pueden ser cumplidas entre los pobres.

    El populismo tiende a generar la expectativa de que el gobierno realizará y debería realizar políticas de redistribución sin descanso hasta que haya una distribución igualitaria del ingreso y la riqueza.

    El populismo es un juego peligroso y destructivo que restringe los intereses de quienes buscan capturar o preservar el poder político. Los beneficiarios de esas políticas disfrutan de ganancias de corto plazo en la función pública mientras echan el fardo de largo plazo a los pobres que son engañados en su favor.

    El populismo promueve la idea equivocada de que la redistribución de los ingresos y la riqueza puede reducir la pobreza. Por el contrario, la pobreza es el resultado del bajo crecimiento económico debido a una formación insuficiente de capital.

    Como dice Christopher Lingle, Las políticas populistas que promueven las divisiones entre los ricos y los pobres siembran la semilla de la inestabilidad social y la destrucción económica. En primer lugar, basar las políticas públicas en el populismo crea expectativas falsas que no pueden ser cumplidas entre los pobres. Cuando los funcionarios sugieren que la pobreza puede reducirse o que se hará justicia social sacándole al rico o aprobando leyes que aumentan los salarios, le da a los pobres la sensación de que su condición puede y debería ser eliminada por ley.

    En consecuencia, el populismo tiende a generar la expectativa de que el Gobierno realizará y debería realizar políticas de redistribución sin descanso hasta que haya una distribución igualitaria del ingreso y la riqueza. En respuesta a estas señales, es comprensible que los pobres continúen demandando aún más por parte del Gobierno como un derecho que surge de su identidad de grupo.

    Construir un sistema de derechos grupales está cargado de peligro. Un Gobierno que busca el apoyo popular basándose en derechos de características económicas o sociales está coqueteando con la destrucción del estado de derecho.

    En realidad, poner estos derechos por encima de los individuales, refuerza la mentalidad divisoria de "ellos y nosotros". De esta forma, los pobres se sienten justificados al expresar sus agravios en protestas callejeras para recordarle al Gobierno sus promesas. El caos e histeria social resultante son las consecuencias del pecado del populismo.

    ¿Qué hay de quienes apoyaron los mandatos gubernamentales para aumentar los salarios, bien por la vía de aumento en salario mínimo, o bien por la vía de reducciones de impuestos a quienes ganen menos de determinada cifra mensual, solo para terminar pagando más de lo que se ahorran, con impuestos al consumo y a los servicios?

    Entonces, el populismo promueve la idea equivocada de que la redistribución de los ingresos y la riqueza puede reducir la pobreza. Por el contrario, la pobreza es el resultado del bajo crecimiento económico debido a una formación de capital insuficiente. La pobreza en Zimbabwe, como en tantas otras economías emergentes, continúa siendo problemática debido a las políticas gubernamentales que dificultan la inversión privada.

    Un mejor análisis de la reducción de la pobreza sería reducir las barreras contra las actividades legales que crean empleos. Una de las lecciones de la economía global es que solo las iniciativas privadas pueden crear crecimiento económico sustentable y empleo. Las inversiones a largo plazo de los emprendedores quedarán atrofiadas si existe la amenaza de acciones caprichosas de un Gobierno que estableció un programa populista.

    Es lo suficientemente malo detener las nuevas inversiones. Pero el populismo amenaza aún más las inversiones de riesgo, porque introduce una inseguridad adicional aumentando la probabilidad de que una operación comercial exitosa sea sujeta a la expropiación a través de la acción política.

    Así, surge un dilema al explicar la retórica populista de los políticos. Sería muy duro, y quizás estaría mal sostener que es estupidez de su parte. Esa conclusión también causaría desesperación con respecto a su habilidad para resolver la actual crisis económica. Pero ¿es mejor si están motivados por un cinismo profundo por el cual saben más, pero esperan que sus potenciales seguidores no?

    Al fin y al cabo, probablemente el Gobierno sufre de una combinación de cinismo con una gran dosis de ignorancia y estupidez (la ignorancia refleja la falta de información, mientras que la estupidez es la inhabilidad para encontrarle sentido a la información).

    Es un grave error incentivar el trato diferencial basado en etnias o religión o clase, imponiendo la ingeniería social o las confiscaciones injustificadas. La gente no debería ser tratada o monitoreada según lo que piden o dicen merecer en la base de alguna comunidad o estatus grupal.

    En suma, el populismo es un juego peligroso y destructivo que restringe los intereses de quienes buscan capturar o preservar el poder político. Los beneficiarios de esas políticas disfrutan de ganancias de corto plazo en la función pública, mientras echan el fardo de largo plazo a los pobres que son engañados en su favor.

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